17 de octubre de 2011

El semáforo azul

Una vez, el semáforo que hay en la plaza del duomo de Milán hizo una rareza. De improviso, todas sus luces se tiñeron de azul y la gente no sabía a qué atenerse.
-¿Cruzamos o no cruzamos? ¿Estamos o no estamos? 
Por todos sus ojos, en todas direcciones, el semáforo propagaba la insólita señal azul, de un azul tan azul como lo había estado nunca el cielo de Milán.
Mientras esperaban a ver qué pasaba, los automovilistas gritaban y todaban el claxon, los motocilistas hacían rugir el tubo de escape y los peatones más gordos gritaban: 
-¡Usted no sabe quién soy yo!
Los ingeniosos decían irónicamente: 
- El verde se lo habrá comido el alcalde para hacerse una casita en el campo.
- El encarnado lo han utilizado para teñir los peces de los jardines.
-¿Sabéis que hacen con el amarillo? Lo añaden al aceite de oliva. 
Finalmente llegó un guardia y se situó en medio del cruce para dirigir el tráfico. Otro guardia buscó la cajita de los mandos para reparar la avería, y quitó la corriente.
El semáforo azul, antes de apagarse, tuvo tiempo de pensar:
''¡Pobrecitos! Les había dado señal de ''vía libre''  para el cielo. Si me hubiesen entendido, ahora todos sabrían volar. Pero quizá les ha faltado valor..''


''Cuentos por telefono'' de Gianni Rodari

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